La metaimprenta de Aldus


Cuando tuve mi primera computadora, una Apple Mac Plus, uno de los programas que solía utilizar para la maquetación de publicaciones era el PageMaker, producido por esos años por Aldus Corporation. Esa empresa de software fue luego adquirida por Adobe que tenía como objetivo utilizar a PageMaker como punta de lanza en un mercado de edición que estaba en plena expansión. Lamentablemente la ingeniería interna de aquel programa era muy limitada y pronto Adobe abandonó el proyecto para desarrollar otro producto mucho más eficiente: el Adobe InDesign.

Pero esta es solo una anécdota para contar otra cosa: aquel rudimentario PageMaker fue mi primer contacto con Aldus, o Aldo Munuzio, cuyo perfil pixelado estaba en la presentación del programa mientras se cargaba.

Los desarrolladores de aquel primer software no se equivocaron en elegir al viejo Aldus como símbolo de lo que estaban haciendo en lo albores de la autoedición, porque Manuzio fue también un pionero que cambió para siempre el arte y la industria de la edición de libros y textos. Sus contribuciones fueron mucho más allá de perfeccionar las rudimentarias máquinas de Gutemberg, sino que influyeron en cómo escribimos y leemos hoy.

Para empezar a acercarnos a este personaje tan particular digamos que Aldus era un culto humanista, nacido en 1442 (apox.) en los Estados Pontificios (hoy parte de Italia) y cuya obsesión por proteger y difundir los textos clásicos, lo llevó a ser impresor, tipógrafo y el modelo de los editores modernos. 

Impulsado por su preocupación intelectual e inteligencia comercial, Manuzio estableció su empresa editora, la Imprenta Aldina, en Venecia en el año1493. La elección de la ciudad no fue casual ya que la misma era una potencia naval y centro comercial del mediterraneo, lo que le garantizaba el acceso a un mercado de lectores en términos que hoy llamaríamos globales, y también la posibilidad de contar de manera segura y constante con la provisión de una compleja materia prima: el papel. A pesar de eso, dicho sea de paso, los conflictos bélicos venecianos detuvieron en más de una vez la impresión de libros.

En ese contexto la Imprenta Aldina se especializó en publicar textos de la Grecia clásica, por lo tanto tuvo un rol destacado en el afianzamiento del movimiento renacentista. Pero lo que diferenciaba a esta editorial del resto de sus contemporáneas, era la calidad de sus impresiones, ya que el cuidado puesto en el diseño de un producto -que comenzaba a ser masivo e industrial- no era frecuente en aquellos años. Sumado a lo anterior Manuzio puso una especial atención en los textos mismos, los cuales eran fruto de su investigación y pesquisa personal por Europa. Y aquí anotamos un elemento distintivo y particular, de este humanista puesto en el lugar de editor / imprentero: él era plenamente conciente de su papel en un movimiento cultural que trascendía a sus intereses comerciales. Seguramente por eso sus publicaciones abarcaban un gran variedad de temáticas, desde la religión, pasando por el teatro, la poesía, la retórica, la astronomía, la filosofía, la agricultura y las ciencias naturales entre otras.

La meticulosidad que este editor le puso a sus productos iba de la mano de su voluntad de popularizarlos, lo cual repercutió en innovaciones que hoy son prácticas editoriales y de diseño habituales, como los libros de bolsillo y el uso de las itálicas (tipografía que perfeccionó justamente para facilitar la impresión de ejemplares pequeños). Por otra parte su obsesión con la limpieza y legilibilidad de sus textos impresos, contribuyó a la normatización del uso de los signos de puntuación de las lenguas latinas

Como si todo lo anterior fuera poco, Manuzio era conciente de que las imprentas eran una herramienta central en el impulso de la enseñanza, en particular de las lenguas clásicas, lo cual se evidencia en el hecho de que muchas de sus publicaciones son gramáticas, léxicos y diccionarios.

Hoy, a más de 500 años de la fundación de la Imprenta Aldina y del olvido de las contribuciones del editor veneciano vale la pena recordar a este innovador cuyo legado sigue presente incluso en los gestos textuales mínimos de este posteo.

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