Bibliotecas en la mira de la censura
De hecho en los Estados Unidos, la ALA (American Library Association) ha alertado recientemente en su informe anual que durante el 2020 se ha detectado una presión creciente de grupos de padres y lobbys políticos orientada a impedir que alrededor de 273 libros estén en las bibliotecas escolares.
Deborah Caldwell-Stone, directora de la Oficina para la Libertad Intelectual de ALA ha dicho que "Lo que estamos observando en este momento es un volumen sin precedentes de informes que parecen estar conectados a una campaña poco organizada para eliminar ciertos libros. Antes, llegaban una o dos notificaciones de cuestionamientos por semana y ahora recibimos varios por día". Por lo que no descarta que cuando se haga el informe correspondiente al año en curso los datos sean aún más preocupantes.
¿Pero sobre qué libros ponen el acento los grupos censores? Básicamente sobre aquellos que tratan dos temas complejos en los Estados Unidos: el racismo y la sexualidad (este último es un item que también en la Argentina agita aguas, mientras que el racismo es una temática históricamente negada en nuestro sistema educativo).
En la presentación de su informe la ALA señala: "En los últimos meses, algunas organizaciones han manifestado que las voces de los marginados no tienen cabida en los estantes de las bibliotecas. Para ello, han lanzado campañas exigiendo la censura de libros y recursos que reflejen la vida de personas homosexuales, queer o transgénero o que cuenten historias de personas negras, indígenas o de color. Al afirmar falsamente que estas obras son subversivas, inmorales o algo peor, estos grupos inducen a los funcionarios electos y no electos a abandonar los principios constitucionales, ignorando el estado de derecho y los derechos individuales para promover la censura gubernamental de las colecciones de bibliotecas. Algunos de estos grupos incluso recurren a la intimidación y amenazas para lograr sus fines, apuntando a la seguridad y los medios de vida de los trabajadores de bibliotecas y educadores. La ALA rechaza contundentemente estos actos de censura e intimidación"
Caldwell-Stone es muy taxativa sobre esto y plantea en una columna de opinión reciente que padres y madres deben estar atentos a lo que leen sus hijos e hijas pero que eso no implica admitir que prohiban que otros niños y niñas accedan a esa información.
Mientras tanto en más de 20 estados de la Unión avanzan leyes que proponen impedir a los educadores enseñar que "un individuo, en virtud de su raza o sexo, es intrínsecamente privilegiado, racista, sexista u opresivo, ya sea consciente o inconscientemente; que la meritocracia es intrínsecamente racista o sexista, o es un concepto diseñado por una raza o sexo en particular para oprimir a miembros de otra raza o sexo". Toda una serie de definiciones laxas que entran en contradicción con la libertad de enseñar y de aprender.
En función de estas ideas ya se han retirado de las bibliotecas escolares y públicas volúmenes para niños sobre Martin Luther King, o Rosa Parks (la mujer negra que decidió sentarse en el sector exclusivo para blancos del colectivo y cuya rebeldía encendió la lucha más importante en favor de los derechos civiles en los EE.UU.). También ha sucedido lo mismo con memorias LGBTQ como “Fun Home” de Alison Bechdel y “All Boys Aren’t Blue” de George M. Johnson. Libros sobre la injusticia racial como “The Hate U Give” de Angie Thomas. Novelas de escritores negros, como “The Bluest Eye” de Toni Morrison y “The Absolutely True Diary of a Part-Time Indian” de Sherman Alexie.
De más está decir que estos avances de la censura hacia las bibliotecas estadounidenses deben seguirse siempre con atención porque suelen ser replicados luego en otros países pero con más o menos los mismos argumentos y discursos.

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