La biblioteca de la luz


Todavía es muy común que a las bibliotecas se las presente en la literatura y en algunas películas como lugares misteriosos, oscuros, polvorientos y laberínticos. Todos esos elementos son buenos para una trama y a veces hasta permiten dibujar alguna metáfora visual, que por repetida ya es casi un cliché.

Pero también hay otro concepto de las bibliotecas que estuvo muy presente en el pasado, incluso hasta principios del Siglo XX: la biblioteca como palacio del saber o templo del conocimiento. Ese imaginario tan fuerte, y tan vinculado al Siglo de las Luces y al enciclopedismo, se tradujo en la arquitectura majestuosa de muchos edificios pensados específicamente para uso bibliotecario.

De todas esas construcciones majestuosas levantadas especialmente entre los siglos XVIII y XIX hay uno particularmente llamativo, la Biblioteca de Admont, que se encuentra incluida en el conjunto monumental de la abadía del mismo nómbre, en Austria.


Esta biblioteca monástica es considerada como la más grande de su tipo, ya que alberga más de 200.000 volúmenes. Fue construida en 1776  por el arqutecto Josef Hueber en 1776, quien que tomó como ejemplo la Biblioteca Imperial de Viena (hoy denominada Biblioteca Nacional de Austria). 

La biblioteca tiene tres partes, cada una de ellas con una sala imponente dotada de una cúpula hermosamente decorada. Además cada una de estas salas principales tienen recintos laterales que contienen tiene tres secciones con cúpulas menores.

El número 3 y el número 7 están presentes en varios detalles de la construcción y esto tiene que ver con la búsqueda de vincular el saber con lo divino (la santísima trinidad) y la tarea concluida (al séptimo día el Señor descansó).

El blanco, el dorado y la luz son las tres características dominantes del edificio y ahí el mensaje se une al del iluminismo y al concepto de que los libros vienen a echar luz sobre el oscurantismo y la ignorancia. No olvidemos además que los libros y las grandes colecciones eran símbolo de poder y riqueza, por lo tanto el lujo sofisticado era parte del mensaje que se quería trasmitir en espacios como estos.

A pesar de su espectacularidad, y viendo las fotos donde se exiben 70.000 libros en estantería, da cierta desconfíaza una biblioteca donde los lomos de los libros coinciden tanto con la pintura de las paredes, y todo parece parte de un decorado de ensueño. Quizás Admont tenga hoy más un perfil de atracción turística que de una biblioteca, pero a pesar de eso es imposible dejar de admirar el esfuerzo y el empeño puesto en una construcción como esta.

En las bibliotecas modernas la arquitectura refleja otras necesidades de nuestro tiempo, la principal es la visión del conocimiento como una herramienta de democratización y no de consolidación de las elites, pero además la distribución de espacios, mobiliarios y secciones tienen como fin (o lo deberían tener) facilitar el acceso a los documentos por parte del personal bibliotecario y de los usuarios; garantizar la seguridad integral de las personas y el acervo; y permitir un facil mantenimiento general de la colección y las instalaciones.

Sin importar el entorno, lo importante es que los tiempos cambian pero la centralidad del libro queda. 

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