La asombrosa y perdurable Tripitaka Coreana
La imprenta occidental fue terminada de optimizar en el Siglo XV por Johanes Gutemberg, eso es algo que todos ya sabemos; pero algunos siglos antes de eso, en oriente ya se habían desarrollado las placas xilográficas destinadas a la impresión de textos e ilustraciones.
Aunque parezca increible una enorme colección de esas placas realizas en el Siglo XIII aún subsisten, y conforman la llamada Tripitaka Coreana. En ella se almacenan 81.258 bloques de madera del siglo XIII; los mismos están plenamente funcionales y podrían duplicar perfectamente los escritos sagrados que contienen luego de 8 siglos de haber sido tallados.
Tengamos presente que la Tripitaka es -de forma genérica- la forma de designar al cuerpo doctrinal y fundacional del budismo theravada. Y el reservorio de Corea del Sur es la recopilación de este tipo de documentos más completa y antigua que se conoce, permaneciendo custodiada en el templo de Haeinsa.
Además hay dos elementos notables hacen que esta colección tengan un plus: no contiene errores conocidos y todas las placas fueron realizadas respetando parámetros que no cambiaron a lo largo de su tallado, lo cual le da un grado de homogeneidad material asombroso.
Para lograr que la madera duráse lo máximo posible, se elegió utilizar abedul coreano, el cual fue tratado sumergiendo las placas en bruto en agua de mar durante tres años y luego de ser cortadas a su tamaño final fueron hervidas antes de ser entregadas a los artesanos que las grabaron.
Hoy, cuando muchos auguran la desaparición de los libros y las bibliotecas a manos de lo digital, no está mal resaltar que la Tripitaka es la transferencia de datos de gran tamaño más exitosa que ha logrado la humanidad. Son nada menos que 52 millones de caracteres de información, comunicados durante casi 8 siglos sin pérdida de datos: un logro sin igual y que hasta el presente sería imposible de emular por cualquier soporte electrónico.



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