Enheduanna, la primera autora y poetisa
Si admitimos que probablemente la primera aplicación de la escritura estuvo ligada con las necesidades administrativas de particulares y de los primitivos estados de la Mesopotamia, también tendríamos que considerar que la literatura vino inmediatamente después y se enlazó por siglos con la religión, la política y el poder.
En ese marco, Enheduanna (2285–2250 a. C.), identificada como la primera poeta y escritora registrada de la historia, representa en su persona esta afirmación de manera cabal. Ella, cuyo nombre figura inscripto al pie de poesías en antiguas tablillas de arcilla, está directamente a asociada con su función de sacerdotisa; y desde ese lugar, tuvo en sus manos la creación, recreación y ordenamiento de una liturgia y mitología comunes que unieran, bajo un mismo poder, a pueblos diversos de su región.
Es que estamos hablando además de una princesa, hija del rey acadio Sargón, quien a lo largo de distintas campañas fue conquistando ciudades del sur mesopotámico y fundando lo que hoy se considera el primer imperio del que se tenga memoria.
Se supone que Enheduanna es la segunda figura desde la izquierda
A esta sacerdotisa y princesa, se la hizo responsable del Templo de Nanna (el dios de la Luna sumerio) en la invadida ciudad de Ur. Desde ese importante lugar religioso ella llevó adelante una misión trascendental para el afianzamiento del poder de su familia: asegurar que la conquista militar se transformara en cultural mediante la religión.
Para conseguir este objetivo, la poesía litúrgica de Enheduanna se centró en Inanna, o Ishtar, la diosa de la fertilidad, el amor y la guerra, que estaba presente en los altares de acadios, asirios y babilónicos; pero que es también la inspiración innegable de la diosa fenicia Astarté, y de la griega Afrodita, cuyos cultos se desarrollaron siglos más tarde y se expandieron por el Mediterraneo. Por lo tanto, las palabras escritas en el siglo VII antes de Cristo, por la sacerdotisa acadia, trascendieron distancias, fronteras y naciones para ser parte importante del bagaje cultural del mundo occidental.
Por otra parte, y centrándonos en lo puramente literario, es notable como Enheduanna suele ponerse a ella misma dentro de los textos. Es decir, no se trata de alguien que habla de manera distante de los dioses a quienes dedica sus versos, sino que su presencia como personaje entre ellos está consignado en primera persona.
Las agitaciones del poder y de las rebeliones estuvieron siempre presentes en la vida de la princesa, y se reflejaron en su obra. Si por ejemplo una ciudad se sublevaba contra el trono, ella hacía constar que los insurrectos ya no contaban con el apoyo de la diosa y por lo tanto sufrirían algunos males bastante indeseables. Uruk, fue una de esas ciudades y su castigo divino fue expuesto en este poema:
INANNA Y LA CIUDAD DE URUK
Este alzamiento de Uruk tuvo como consecuencia que Enheduanna fuera desplazada de su lugar en el templo hasta que el poder del imperio fue posteriormente reestablecido, lo que se reflejó en una larga alabanza de la que transcribo aquí solo una parte.
Más allá de los avatares políticos, el legado de la princesa y sacerdotisa acadia se puede dimensionar no solo sumergiéndose en la teología mesopotámica, sino también en sus influencias culturales y estilísiticas, tanto en el desarrollo del Antiguo Testamento (sin ir más lejos, recordemos que el propio Abraham era nacido justamente en la ciudad de Ur); sino también en la obra poética de Homero (o de las múltiples personas que se encuentran detrás de ese nombre).
Es decir que la obra de Enheduanna, de manera vital pero subterranea, perdura hasta nuestros días, convirtiéndola en una influencia como pocos/as escritores/as han tenido o tendrán jamás.
Las poesías traducidas pertenecen a https://www.recantodasletras.com.br/poesias/6143125




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