El gato apestoso y otras notas casuales de la marginalia medieval
La especialidad que los estudia se llama genéricamente "Marginalia" y podemos dividirla de manera general entre la marginalia medieval y la marginalia moderna.
Está claro que existe una lógica y extendida resistencia a aceptar como una práctica deseable que alguién escriba algo en los bordes de los libros, pero también es cierto que es una costumbre que muchas veces opera como cápusla del tiempo y hasta como el destello del pensamiento de un lector cualquiera que no tuvo mejor idea que dejarnos una opinión no solicitada.
Pero en la Edad Media escribir, dibujar, iluminar, o colorear en los márgenes librarios era un arte que mejoraba el producto, haciéndolo más delicado y deseable para quienes pagaban no solo por lo escrito sino por lo que simbolizaba como signo de estatus. De hecho, cuando aparecieron los primeros libros impresos (incunables), para ser considerados respetables y no como simples productos industriales sin alma, debían contar con sus márgenes ilustrados manualmente por especialistas.
Estos dibujantes normalmente eran personas dedicadas específicamente a esta tarea, y en general estaban diferenciados de los escribas o copistas quienes eran los encargados de transcribir arduamente los textos.
Si bien el imaginario y la simplificación historica han ubicado a los monjes de los monasterios medievales como los únicos encargados de realizar las copias de los textos, en realidad sobre el final de ese período histórico, la demanda de libros y sus altos precios impulsaron a introducirse en este oficio a muchos laicos, que sabían escribir o ilustrar.
Ellos, a pesar de cumplir profesionalmente con la tarea, a veces incorporaban a los margenes pequeñas apostillas. En algunos casos eran pequeñas frases sobre el frío del momento o sobre la calidad del material sobre el cual escribían, otras veces eran quejas por el dolor de las manos, y tampoco faltaba el que sacaba cuentas y denunciaba que estaba trabajando muy barato.
De todos estos escritos marginales uno de los más famosos es el de un copista que en el año 1420 anotó en latín una diatriba contra un "gato pestilente": “Hic non defectus est, sed cattus minxit desuper nocte quadam. Confundatur pessimus cattus qui minxit super librum istum in nocte Daventrie, et consimiliter omnes alii propter illum. Et cavendum valde ne permittantur libri aperti per noctem ubi cattie venire possunt.”
Que traducido sería: "Aquí no falta nada, pero un gato orinó sobre esto durante cierta noche. Maldito el gato pestilente que orinó sobre este libro durante la noche en Deventer y por eso muchos otros [otros gatos] también. Y tenga cuidado de no dejar libros abiertos por la noche donde puedan entrar los gatos."
Acompaña la maldición una mano dibujada que señala la mancha de orin felina y una pequeña caricatura del gato culpable.
De esta forma nos llegó un mensaje, entre risueño y resignado, de una persona cuyo nombre desconocemos y que por culpa de un animalito travieso que marcaba su territorio debió resignarse a seguir trabajando, y oliendo -quien sabe por cuanto tiempo- el "obsequio" del felino.



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