Las bibliotecas como espacios de identidad, encuentro y salud mental en las grandes ciudades
En una reciente charla del Dr. Alejandro Parada, en la librería e imprenta Barrio Sur, se abordaron una serie de cuestiones englobadas bajo la temática general de "Los lugares de una biblioteca". Lo que allí se planteó alrededor de entender a las bibliotecas como espacios vivos y en crecimiento, donde se promueve el conocimiento, el debate y la pluralidad, me hizo recordar un trabajo del sociólogo urbano Ray Oldenburg quien propuso la existencia de diferentes espacios de socialización. De acuerdo a su propuesta teórica, el primero de ellos es el hogar, el segundo es el trabajo y el tercero está constituido por los lugares que permiten a la gente encontrarse por puro placer.
Las bibliotecas están en la lista pensada por Oldemburg como un posible tercer espacio que brinda la posibilidad a las sociedades de recuperar parte de su energía imaginativa. El propio profesor Parada durante su charla, recordó que en el reglamento de la primera biblioteca pública del país (fundada a pocos meses de iniciada la Revolución de Mayo de 1810), ya se incluía la posibilidad de destinar una sala específica para que los lectores pudieran debatir. Esto, que parece contradecir la idea generalizada que asocia a las bibliotecas con el ensimismamiento lector, solitario y distante, nos pone en otro escenario muy diferente donde el leer nos abre puertas para encontrarnos con otros y a partir de eso potenciar el (re)descubrimiento y la (re)creación.
Por otra parte, y en momentos donde somos testigos de como muchas personas parecen empeñadas en afirmar su identidad a partir del desprecio y la negación casi totalitaria de las identidades ajenas, las bibliotecas, en su carácter de Tercer Lugar, se constituyen -al decir de Oldemburg- en entramados cargados de vitalidad y abiertos a la diversidad. Esto último está directamente vinculado a que por definición, en las bibliotecas no deben existir ni la discriminación ni la famosa "cámara de eco" -o la "reafirmación de sesgos"- que domina las redes sociales.
Vista de esta forma, la función de las bibliotecas modernas trasciende el acumular, catalogar y poner a disposición del público libros en sus diferentes formatos y soportes (papel o digital), y tampoco se limita a la fría definición de ser "unidades de información". Por el contrario, se trata de lugares de construcción democrática, vinculados con el reconocimiento del otro pero también directamente enlazados con el fortalecimiento de los lazos comunitarios y de pertenencia.
Por eso es que el Tercer Lugar, en cualquiera de sus formas (bar, plaza, esquina, biblioteca) es un sitio de bienestar y de salud mental, donde se quiebra la tendencia a la individuación exagerada y la soledad de las grandes ciudades, facilitando la interacción con otros, y dando rienda suelta a la fantasía y a la curiosidad, en un ámbito donde la potencia sanadora de la palabra está al alcance de la mano.

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