La Inteligencia artificial, no es inteligente ni es artificial
Trabajadores informales, etiquetando datos para IA, en un Cybercafé de Filipinas.
Con el auge mediático de la IA y su facilidad de uso, se han popularizado varios mitos alrededor de esta herramienta informática que es necesario tratar de desarmar.
El primero es que no existe tal cosa como la inteligencia artificial, esta es una denominación muy buena para vender un producto, pero que no refleja plenamente la realidad. Lo que tenemos enfrente, y usamos, es una forma de entrenamiento computacional extenso e intensivo, sin ninguna artificialidad ya que depende de recursos humanos y materiales absolutamente tangibles.Si corremos la cortina, como quien mira los trucos del mago desde la parte de atrás del escenario, descubrimos que la IA es ante todo una industria basada en la extracción a gran escala a dos niveles. Uno de esos niveles es absolutamente nítido: la absorción y apropiación de datos presentes en internet. Apropiación que se realiza sin ningún escrúpulo, sin respetar derechos de autor y -muchas veces- sin respetar los límites de la privacidad de las personas.
El otro nivel extractivo, aunque no es tan patente, se hace imperativo señalarlo: la impresionante cantidad de energía eléctrica y agua dulce que necesitan los sistemas y servidores de IA. Esto se refleja concretamente en que, por ejemplo, una consulta promedio en OpenIA, gasta 5 veces más energía que una consulta a un motor de búsqueda como Google.
Por otro lado, y debido a que se sospechaba que los equipos de esta industria necesitan refrigerarse de manera constante por su uso intensivo, las Universidades de Texas y Colorado se abocaron a medir su huella hídrica operacional y concluyeron que solo para entrenar a GPT-3 y sistemas similares se utilizaron entre 700.000 y 4.900.000 litros de agua. Además, también proyectaron que por cada "charla" sencilla con el sistema (de alrededor de 35 preguntas) se usa medio litro de agua pura.
Pero atención, esto se midió hace tres años atrás, hoy este problema se ha multiplicado, por la sencilla razón de que la IA se usa cada vez más y porque la industria de chips se ha mostrado incapaz de fabricar productos con mayor eficiencia energética.
A lo anterior también hay que sumarle que la IA tiene por detrás un verdadero ejército de trabajadores muy mal pagos, sobreexplotados, que clasifican y etiquetan datos a destajo día y noche, lo que hace que el panorama sea todavía más desmitificador.
Otro mito que es necesario desmantelar, y que se esconde detrás de la palabra "artificial", es el de la supuesta racionalidad y objetividad de los sistemas de IA. Esto no es así bajo ningún aspecto. Las máquinas no razonan, no en el sentido humano. Su razonamiento está construido a partir de los sesgos ideológicos de sus programadores, por eso la IA jamás es, ni será, realmente objetiva.
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