Un práctica desleal creciente: "inflar" citas para crearse una reputación falsa
Hace pocas semanas estalló en España un llamativo escándalo protagonizado por el rector de la Universidad de Salamanca, Juan Manuel Corchado Rodríguez.
De acuerdo a una investigación periodística, Corchado Rodríguez aparentemente habría recurrido a numerosas autocitas y también a la creación de perfiles falsos de supuestos investigadores que citaban sus trabajos.
De hecho el diario español El País, mostró como ejemplo un trabajo de Corchado sobre el COVID-19 donde, en solo cuatro párrafos, había ¡78 autocitas!.
El mismo diario explica que: "el catedrático habría rellenado sistemáticamente las referencias de sus artículos académicos con trabajos de su propia autoría. Esto habría inflado sus resultados en los motores de búsqueda de publicaciones académicas, disparando su reputación."
Esta práctica sistemática y sostenida a lo largo de varios años llevó a Corchado Rodríguez a encumbrase dentro de los 200 académicos españoles más citados, dentro de un universo de algo más de 157.000 investigadores.
Si "inflar" artificialmente sus citas le redundó en prestigio, también le sirvió para obtener importantes ventajas materiales como obtener un asiento en la Fundación Astrazeneca y en el Consejo de Administración de Neurofix Farma, además de haber sido elegido rector de la Universidad de Salamanca en mayo último.
Pero este caso no es el único sino uno entre muchos, al punto que la Revista Nature dedica un artículo específicamente sobre este tema. Allí, Yasi Zaki, experto en informática de la Universidad de Nueva York plantea que “Cuando un manuscrito obtiene cientos de citas a los pocos días de su publicación, o cuando un científico tiene un aumento numeroso y grande en las citas, sabés que algo anda mal”.
Para evitar esta práctica, que no es otra cosa que una estafa, Zaki y su equipo desarrollan una métrica denominada “citation-concentration index” (índice de concentración de citas), cuyo objetivo es detectar los casos en los que un investigador recibe muchas citas de pocas fuentes.
El problema es que muchas veces existe un acuerdo entre científicos para citarse entre sí, potenciando mutuamente sus métricas, y -lo que es más grave- muchas veces se compran desembozadamente citaciones. El mismo Corchado había creado un "Cartel de Citas" donde quienes lo integraban estaban obligados a citarse entre si.
Todo esto plantea una vez más la necesidad de revisar el sistema que presiona de manera desmesurada a los investigadores para publicar y generar citaciones y así mantener u obtener financiamiento para sus trabajos.
El dilema es que hasta aquí, la exigencia de "publicar (y generar impacto) o perecer" se presenta como LA opción dominante, en un contexto principalmente mercantil (con ganancias y pérdidas monetarias) antes que por la búsqueda de calidad e innovación.
De hecho el diario español El País, mostró como ejemplo un trabajo de Corchado sobre el COVID-19 donde, en solo cuatro párrafos, había ¡78 autocitas!.
El mismo diario explica que: "el catedrático habría rellenado sistemáticamente las referencias de sus artículos académicos con trabajos de su propia autoría. Esto habría inflado sus resultados en los motores de búsqueda de publicaciones académicas, disparando su reputación."
Esta práctica sistemática y sostenida a lo largo de varios años llevó a Corchado Rodríguez a encumbrase dentro de los 200 académicos españoles más citados, dentro de un universo de algo más de 157.000 investigadores.
Si "inflar" artificialmente sus citas le redundó en prestigio, también le sirvió para obtener importantes ventajas materiales como obtener un asiento en la Fundación Astrazeneca y en el Consejo de Administración de Neurofix Farma, además de haber sido elegido rector de la Universidad de Salamanca en mayo último.
Pero este caso no es el único sino uno entre muchos, al punto que la Revista Nature dedica un artículo específicamente sobre este tema. Allí, Yasi Zaki, experto en informática de la Universidad de Nueva York plantea que “Cuando un manuscrito obtiene cientos de citas a los pocos días de su publicación, o cuando un científico tiene un aumento numeroso y grande en las citas, sabés que algo anda mal”.
Para evitar esta práctica, que no es otra cosa que una estafa, Zaki y su equipo desarrollan una métrica denominada “citation-concentration index” (índice de concentración de citas), cuyo objetivo es detectar los casos en los que un investigador recibe muchas citas de pocas fuentes.
El problema es que muchas veces existe un acuerdo entre científicos para citarse entre sí, potenciando mutuamente sus métricas, y -lo que es más grave- muchas veces se compran desembozadamente citaciones. El mismo Corchado había creado un "Cartel de Citas" donde quienes lo integraban estaban obligados a citarse entre si.
Todo esto plantea una vez más la necesidad de revisar el sistema que presiona de manera desmesurada a los investigadores para publicar y generar citaciones y así mantener u obtener financiamiento para sus trabajos.
El dilema es que hasta aquí, la exigencia de "publicar (y generar impacto) o perecer" se presenta como LA opción dominante, en un contexto principalmente mercantil (con ganancias y pérdidas monetarias) antes que por la búsqueda de calidad e innovación.

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