Escribir y reescribir, el arte está en la perseverancia

(Ilustración: un manuscrito de "Eugenia Grandet", Honoré de Balzac)


Los libros que llenan las bibliotecas tienen entre sus páginas miles de horas de trabajo invisibles, frases que nunca salieron impresas, trozos de trama tachados, personajes desechados, finales pensados y descartados, y un millón de detalles que no atravesaron la criba del proceso creativo.


La inspiración, las musas, y muchas formas poéticas de hablar de la creación artística, omiten que a veces se dedica más tiempo a reescribir que a escribir. Y hay que decir que esto vale tanto para una novela, un poema, un trabajo científico o hasta un plan de trabajo.

Quizás por eso tanta gente que se dedica a las letras ha dejado testimonio de lo ardua que es esta tarea, y aquí les invito a un breve raconto.

El primero, por supuesto en mi lista, siempre es Borges, quien decía casi con resignación y usando su ironía proverbial:
“Publico para dejar de corregir”.

Otro que sabía usar la ironía era Ernest Hemingway, quien daba algunos consejos no solicitados sobre decoración de interiores:
“La papelera es el primer mueble en el estudio del escritor”.

Más acá en la historia, J.K. Rowlings nos plantea que escribir no es magia y que hasta tiene un impacto que a los ecologistas no les gustaría:
“Debes acostumbrarte al hecho de que gastarás muchos árboles antes de que escribas algo que realmente te guste, y así es como debe ser”.

Antoine de Saint-Exupéry, en su vuelo por este mundo buscando el texto perfecto llegó a decir:
“La perfección se logra no cuando no hay nada más que añadir, sino cuando no queda nada más por quitar”.

Goethe, tan alemán que a veces es diabólico, nos dejó una contudente definición:
“Escribir es un ocio laborioso”.

Otro alemán, Thomas Mann, tenía algo que decir sobre el alma y sobre los escritores:
“Un escritor es alguien para quien la escritura es más difícil de lo que es para otras personas”.

Para el final de este breve recorrido, me queda Roberto Arlt, quien con la obstinación y la furia de siempre, subía al ring con una máquina de escribir en cada mano, vociferando:
“El futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo. Crearemos nuestra literatura, no conversando continuamente de literatura, sino escribiendo en orgullosa soledad libros que encierran la violencia de un 'cross' a la mandíbula".

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Biblioteca secreta en Telegram

AHIRA: Un archivo digital para las revistas argentinas

¿Qué señalan los señaladores?